Arte y Arquitectura

Iglesia Parroquial SaIglesia Castejonn Francisco Javier

La Parroquia de San Francisco Javier fue inaugurada en el año 1944 pero guarda en su interior un pequeño retablo manierista de hacia 1570 procedente de Ollogoyen y un conjunto el palacio de los vizcondes de Quirós, construido en el año 1675 por el maestro de obras de Corella D.Francisco Monje.


Retablo de la Iglesia (s.XVI)

Pequeño retablo manierista de 1570 aproximadamente, procedente de Ollogoyen e instalado en el presbiterio. Consta su traza de banco con netos y tableros decorados, cuerpo único de tres calles formadas por pilastras jónicas de fuste estriado sobre las que apoya un friso de querubines y un ático con columnas corintias y frontón recto enmarcadas por follaje vegetal a modo de aletones. En el cuerpo hay pinturas romanistas de un santo obispo y San Cristóbal encuadrando al relieve de un santo diácono que se sitúa en la calle central. Las guirnaldas de banco y los recrecidos del ático así como la policromía general del retablo son producto de reformas neoclásicas.


Castillo

El primitivo pueblo de Castejón estuvo defendido por un castillo que servia de defensa frente a los castellanos. En 1222 hubo algunas diferencias sobre el señorío de la villa y el castillo, entre Bartolomé Jiménez de Rada y el rey Sancho el Fuerte, que terminaron con el sometimiento de aquel y consecuentemente homenaje de fidelidad. Nuevo homenaje presto Guillen Périz de Castejón en 1244 a Teobaldo I, por sí y por sus herederos. En 1344 tenia el señorío Martín Gil de Atrosillo, a quien se lo embargo el rey Felipe de Evreus, en compensación de cierta deuda y por no haberle prestado el homenaje preceptivo. Carlos II lo restituyo, junto con el pontón que existía al pie del castillo, en 1351, Juan Jiménez de Urrea y María Jiménez de Atrosillo. Con ocasión de la guerra de 1360, ante el peligro de un ataque castellano por ser Urrea aragonés, el infante Luis le requirió a que se pusiese un alcalde navarro, y no habiéndolo hecho, lo ocupo por las armas, confiando la guarda a Pedro Martínez de Urniza. En los últimos años del siglo XIV tenia la villa y castillo Martín de Aibar, a quien se lo tomo Carlos III para darlo a su ahijado Carlos de Baumont, nieto del infante Luis, e hijo de alférez del reino. En 1453, en época de las luchas civiles, poseía pueblo y fortaleza Luis de Beaumont, que los permuto con su hermano Juan, prior de San Juan de Navarra, por Orcoyen, Atondo y Murco. Posiblemente el castillo habría resultado dañado por entonces. En 1802 el señorío pertenecía al marques de Santacara, que nombraba al alcalde.


Copón de plata

Del año 1776 con punzones de Méjico y del ensayador mejicano Diego González de la Cueva. Copón de plata sin cubierta, de estilo rococó mejicano, con pestaña ondulada, nudo periforme y decoración con estrías verticales, con la inscripción: “Este copón Le dedica Don Juan de los Ríos y Belasco a la Iglesia Parroquial del Lugar de Nabeda. Lo Yso en Me(x)ico a 7 de junio de 1776 a(ño)s”; conserva los punzones de GOZA/LEZ y los de la ciudad de Méjico -el águila con la alas explayadas y la “M” coronada entre columnas y con una cabecita de perfil.


Crucificado barroco

Se guarda en la iglesia la talla de un Crucificado barroco del siglo XVIII muy repintado.

Escultura de San Francisco Javier
Se guarda en la iglesia una gran talla del titular de cierto valor artístico realizada por Eulogio Valladolid, escultor burgalés contemporáneo.


El fuerte de la estación

Fuerte FusileroEl fuerte de la estación de Castejón es uno de esos vestigios dignos de atención por su interés histórico y ferroviario es el fuerte fusilero que todavía llama la atención del viajero a la entrada de la estación de Castejón de Ebro, yendo de Pamplona a Zaragoza, Aunque su interior se halla casi enteramente desmantelado, las paredes exteriores se hallan en aceptable estado de conservación.

Castejón ha sido históricamente, lo mismo que Alsasua, uno de los nudos ferroviarios más importantes de la zona Norte. Aquí enlazaban la línea Castejón-Bilbao, inaugurada en 1863, con la de Pamplona-Zaragoza, en servicio desde 1861, y que en 1865 quedó prolongada hasta Alsasua, donde empalmaba con la de Madrid-Irún. Más tarde, en 1941, se abrió al tráfico ferroviario la nueva línea Castejón-Soria, hoy abandonada, que acortó sensiblemente la distancia entre Pamplona y Madrid, sobre todo para los flamantes automotores puestos en circulación por aquellos años.

Durante la Segunda Guerra Carlista (1872), la vías férreas constituyeron uno de los principales objetivos militares para la fuerzas de D. Carlos. Los cortes de vía, voladuras de puentes y viaductos, incendios de estaciones e incluso asaltos a los trenes, se pusieron a la orden del día. Para prevenir en lo posible un ataque al deposito de locomotoras de Castejón, se encargo al Cuerpo de Ingenieros un proyecto de fortificación de aquellas instalaciones.

En los Archivos Militares de Madrid se conserva en detallado plano de las “obras para la defensa de la Estación de Castejón, en la línea Zaragoza-Pamplona”, fechado en la misma vía ferroviaria el 20 de Enero de 1875, y firmado por Antonio Ortiz y Puerta, de la Comandancia de Ingenieros del I Cuerpo del Ejército del Norte. Según este plano, la estación, con una estructura muy distinta de la actual, fue rodeada de un recinto defensivo con varias casamantas y caponeras, uno de cuyos elementos más caracterizados era el fuerte que hoy todavía podemos contemplar. Según parece, se proyectó otro similar en el extremo opuesto, mirando a la parte de Zaragoza.

El fuerte, de planta hexagonal, construido en ladrillo rojizo, constaba de dos plantas con galerías aspilleradas para disparos de fusilería. Tenía un remate de almenillas triangulares, hoy desaparecido, y se cubría con un tejado de estructura rebajada, a seis aguas. Al piso de arriba se subía por una escalera de caracol en torno a una columna metálica central.

Esta construcción defensiva, mudo testigo de una época ya lejana, tiene indudable interés y debería se preservada e incluida dentro de ese catálogo de monumentos de arquitectura e ingeniería ferroviaria, que yo no sé si existe, y que tanto se echa en falta en nuestro país, tan poco sensible a muchas facetas de su memoria colectiva.