Edad del Hierro

Los celtas, pueblos procedentes de centroeuropa, penetraron en la península ibérica atravesando los pasos pirenaicos a comienzos del I milenio a.C. Eran, básicamente, pastores que portaban armas de hierro y se instalaron en la Meseta
norte y el valle del Ebro mezclándose con la población preexistente y dando lugar a los denominados celtíberos. Situaban sus poblados generalmente amurallados y urbanizados en lugares elevados cerca de los ríos, como el Cerro de El Castillo en Castejón, y disponían sus cementerios o necrópolis algo separados del núcleo habitado.
Practicaban la incineración de los cadáveres que eran quemados con sus objetos personales (ajuar funerario). Los restos calcinados y parte del ajuar, en especial las piezas pequeñas: collares, pendientes, fíbulas, puñales…, eran introducidos en un recipiente normalmente de cerámica (urna cineraria) que se depositada en el suelo de la necrópolis.Rodeando la urna se disponían otras propiedades del difunto, básicamente armamento y vajilla, siendo habitual que las
armas aparezcan dobladas y la cerámica rota a propósito, de modo que su uso finalizara con la existencia de su dueño.
Todo ello se cubría con tierra y cantos rodados (túmulo), pero en algunos casos la urna y el ajuar funerario se protegían con una especie de caja (cista) hecha de adobe y que era también cubierta por el túmulo.
La necrópolis de El Castillo (fechada a mediados del I milenio a.C.) similar a otras situadas en esta zona del Ebro, ha dejado multitud de enterramientos en forma de túmulos circulares y un abundante número de piezas de gran calidad, que dan testimonio de la forma de vida de estos hombres y mujeres de la Edad del Hierro.