La estación de Castejón

  • En toda Europa la revolución industrial vino de la mano de la industria textil, la siderurgia y el ferrocarril. En España, durante el reinado de Isabel II, la Ley General de Ferrocarriles de 3 de junio de 1855 marcó el punto de partida para la construcción de las primeras grandes líneas. En 1856 se aprobaba la de Madrid a Irún, y en 1857 las de Tudela-Bilbao y Zaragoza-Alsasua (pasando por Pamplona). Estas dos enlazarían en Castejón por lo que habría que establecer aquí una estación de primer orden.
  • Para que el tren cruzara el Ebro se construyó, en 1859, un puente de hierro de 651 m. de longitud, y el 29 de abril de 1861 la locomotora “La Celestina” paraba por primera vez en Castejón en su trayecto Pamplona-Tudela. Al año siguiente (1862) se construyó la estación de enlace conocida como Castejón de Ebro para dar cobertura a las empresas concesionarias de ambas líneas, que harían el traspaso de pasajeros y mercaderías en esta estación común, donde coincidirían cuatro trenes a la vez.
  • Además del edificio para viajeros, andenes y muelles, hubo que levantar almacenes para mercancías, cocheras para carruajes, depósitos de máquinas, taller de reparaciones, tomas de agua y de carbón, viviendas para empleados (jefe de estación, telegrafista, guardagujas…), café-fonda y hasta una capilla.
  • En 1878, las dos compañías fueron absorbidas por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España.
  • La estación de Castejón atrajo a un gran número de pobladores (ferroviarios, artesanos, comerciantes…), impulsó la creación de industrias subsidiarias y la aparición de nuevos barrios hacia el sur, iniciando un verdadero renacimiento de la zona y una prosperidad que ha continuado hasta el presente.